«Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.» 1 Corintios 13:13

La presencia de COVID19 en nuestra ciudad es una realidad que tiende a generar tensión y preocupación por nuestros seres queridos, y por las incertidumbres que en adelante se presentan con la forma como esta enfermedad se desarrollará en nuestra ciudad. La breve reflexión es que en todo esto debe permanecer la fe, en el sentido de esa confianza en nuestro Dios, la fe que entiende que todo desde lo más grande hasta lo más pequeño está en las manos del Dios soberano que creó todas las cosas, que nuestras vidas son un don del Creador y que es Él quien determina el fin de nuestros días, y que no podemos añadir a nuestra estatura un codo (Mateo 6:27).

Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal. (Mateo 6:34).

     Permanece la fe, entendida como la confianza[1] que se adelanta en una relación especial, similar a la confianza entre esposos, esta fe (confianza) permanece en el vínculo pues esperamos que esa persona sea fiel, a pesar de las situaciones difíciles, así que en esta situación como creyentes debemos recordar que Dios permanece fiel en Su amor y cuidado por Su pueblo y este cuidado es permanente. Lo primero que perdemos en estas situaciones es el sueño, pero Dios es fiel y Él puede cuidar tu vida aun mientras duermes[2], tenemos fe en Su cuidado porque nos ama, así que debe permanecer en nosotros la conciencia de que no estamos en las manos de un virus sino en las manos de un Dios de amor, debe en estos momentos oscuros[3] permanecer la fe.

Esta fe, que desde la Escritura la vemos en el contexto de una relación personal con Dios de quien sabemos es amoroso y soberano, no debemos confundirla con la irracionalidad de tentar a Dios al no tomar la conciencia de la provisión y cuidado que tener para preservar ese precioso don que es la vida; sabemos que el día de mañana está en manos de Dios, sin embargo, esto no nos exonera de ser prudentes y responsables. «!!Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; 14 cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. 15 En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.16 Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala;17 y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.»[4]  

El avisado ve el mal y se esconde; Mas los simples pasan y reciben el daño. (Proverbios 22:3)

Así que la fe no es la insensatez que no tiene en cuenta los peligros reales, la fe no es la simpleza de corazón que no comprende la realidad de los peligros y que cree nada va a pasar, no es tener la irresponsabilidad de tentar a Dios sin tomar responsablemente las medidas de cuidado como buen mayordomo de su vida. En esta situación vemos cómo la insensatez de muchos los lleva a exponerse a peligros innecesarios jugando a una ruleta rusa haciendo suposiciones que no están dentro de su conocimiento o control, el insensato dice “yo estoy bien a mí no me daría más que un malestar y listo” ¡hermano no seas imprudente con un don tan valioso como tu propia vida! recuerda el principio de ser guarda de tu hermano, principio que no cumplió Caín, principio que es expresión del amor, amor que debe permanecer en esta situación.

     Es triste cómo muchos comienzan a ver a su prójimo como un peligro y surge el egoísmo y la falta de solidaridad de ayudarnos, tenemos dos opciones frente a esta situación, una que es ver al otro como un peligro, buscar protegerme sin que me importe la suerte o sufrimiento del resto de las personas, o ver al otro como un hermano al que debo cuidar y proteger, al que debo alentar, consolar ayudar de todas las maneras que me sea posible. Podemos ejercitar el amor en esta situación o dejar que nuestro pecado de egoísmo e individualismo nos controle y convertirnos en parte del problema y no de la solución. Recordemos el ejemplo de nuestros hermanos de esa nube de testigos (Hebreos 11) que en situaciones parecidas cuidaron de los débiles, alentaron a los enfermos, protegieron a los más vulnerables mostrando así al mundo la fe, la esperanza y el amor de Dios a un mundo que explota de miedo, porque no tienen ninguna esperanza.

     La esperanza que no nos avergüenza, está en la certeza (fe) de que Dios es bueno y nos guardará, aunque perezcamos; no temamos a lo que puede solo tener consecuencias terrenales, no temamos al mal del cuerpo, porque Dios nos da una promesa más allá de lo temporal, y esa promesa es nuestra esperanza.

      Que nuestro Dios nos consuele con la esperanza de que Le volveremos a ver en Su Reino donde no hay lágrimas (Apocalipsis 21:4)

Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor: porque las primeras cosas son pasadas. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.

Su hermano, Pr Oduver Miranda Benitez.


[1] La variedad del vocabulario hebreo de la fe refleja la complejidad de la actitud personal del creyente. Dos raíces dominan sin embargo: aman (cf. *amen) evoca la solidez y la seguridad; batah, la seguridad y la *confianza. El estudio del vocabulario revela ya que la fe según la Biblia tiene dos polos: la confianza que se dirige a una persona «fiel» y reclama al hombre entero; y por otra parte un proceso de la inteligencia, a ¡a que una palabra o signos sirven para acercarse a realidades que no se ven (Heb 11,1).   VOCABULARIO DE TEOLOGÍA BÍBLICA Publicado bajo la dirección de XAVIER LÉON-DUFOUR, Editorial Herder pag. 286

[2] No permitirá que tu pie resbale; no se adormecerá el que te guarda. Salmo 121:3.

[3] Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento. Salmo 23:4.

[4] Santiago 4: 13-17.

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