“Mi alma llora de ansiedad; sostenme conforme a tu palabra.” Salmos 119:28. RVA.

“[…] Estas cosas os he hablado para que en mi tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; (ansiedad) pero confiad, yo he vencido al mundo […]” Juan 16:33.

“Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas lo libra el Señor” (Salmos 34:19, Juan 16:33), una de estas aflicciones es la ansiedad, ese sentimiento del corazón que está asociado con tantos temores, principalmente temor por nuestro futuro. «¿Qué será de mi mañana?» (Mateo 6:34) es en esencia la pregunta que nos llena de ansiedad, de preocupación, lo cual se convierte en un dolor emocional que puede hacer que nuestra alma se derrame en lágrimas. La ansiedad agobia el alma de una forma poderosa porque muestra al hombre su profunda incapacidad de estar en control. Podemos planear y tomar todas las medidas para controlar las circunstancias de nuestra vida, pero en nuestro corazón estamos conscientes de esa realidad última que es la raíz de toda ansiedad, ¡no sabemos qué será de nosotros ni hoy ni mañana! no conocemos nuestro futuro, tan grande es la ansiedad de algunos por ese futuro que buscan refugio en creencias equivocadas, la astrología, o cualquier cosa que pretenda tener las respuestas a las preguntas y dudas que atemorizan a todo ser humano.

La ansiedad destruye de tal forma la armonía que nos quita el sueño (Salmo 3:5, 4:8). La ansiedad además de causarnos un gran dolor emocional que es capaz de herir nuestra alma de tal forma que llora, además nos expone al pecado de buscar respuestas a nuestra vida fuera de Dios.

La única respuesta y cura definitiva a la ansiedad es la esperanza que solo puede provenir de Dios por medio Su Palabra eterna (1 Pedro 1:24-25, Is 40:6-9). Solo si creemos (confiamos) que nuestras vidas están en manos de un Dios bueno y misericordioso, que hace lo mejor para nuestras vidas, podremos sanar de la ansiedad; la única cura posible de esta terrible angustia que produce la ansiedad se encuentra en la Palabra de Dios, ella es la única que puede sostenernos.

La cura de la ansiedad se encuentra en las promesas de Dios, pues esa Palabra de Dios que nos sostiene son Sus promesas para nuestras vidas, y es así porque solo Dios conoce qué será de nosotros mañana, porque nuestro mañana y toda nuestra vida descansa en Su mano poderosa (Isaías 44:6-7).

La esperanza es la cura para la ansiedad, por eso en los juicios de Dios debemos tener puesta nuestra esperanza, en las promesas de Dios debemos esperar. (Sal 119:43).

Confiando en que nuestro mañana está en manos de Dios, en momentos de angustias debemos clamar a Dios por esas promesas de paz que están en Su Palabra, podemos orar «cumple tu promesa a tu siervo que te teme» (Sal 119:38).  Siempre podemos ir a Jesús, a pedir Su Paz “Estas cosas os he hablado para que en mi tengáis paz.” en medio de las múltiples aflicciones y variadas angustias de esta vida, solo la confianza depositada en Jesús nos puede dar la victoria. “En el mundo tendréis aflicción; (ansiedad) pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

Miles son las promesas que Dios nos ha dado que podemos reclamar en tiempos de angustia, podemos pedir consuelo para nuestra alma que llora, podemos orar que Su bondad nos consuele conforme a lo que ha prometido a su siervo (Sal 119:76), porque en Su Palabra hemos puesto nuestra esperanza (Sal 199:74b-75).

Las preocupaciones (angustias, aflicciones, sufrimientos) de esta vida llenan el alma de ansiedad, de tristeza, de dolor, de desesperanza; tornan el cielo gris, ocultan en sol y no sentimos en los días de niebla la compañía de Dios, pero siempre podemos esperar en las promesas de Dios, y podemos clamar a Dios. “Acuérdate de la promesa (es decir sostenme conforme a tu palabra) dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar.” (Sal 199:49). «Acompáñame en este día nublado» recuerda las palabras de Jesús “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28: 20).

La ansiedad  nos muestra la naturaleza pecaminosa que está profundamente arraigada en nuestro corazón de incredulidad, puesto que la ansiedad es una preocupación por el mañana que está en manos de Dios, pero nuestro corazón piensa que en nuestras manos ese futuro sería mejor,  la ansiedad es también muestra de impaciencia, «no quiero esperar hasta mañana para que las misericordias de Dios se renueven día a día (Lamentaciones 3:22-24) yo quiero estar seguro de esas misericordias de mañana hoy, no quiero esperar que Dios provea el pan de cada día, mi corazón que no quiere esperar la provisión de Dios, desea hoy no solo el pan de mañana que no puedo comer hoy, sino el pan de todo el año.»

La ansiedad refleja otro aspecto pecaminoso de nuestro corazón, a saber, desconocer que lo que Dios nos da es suficiente, cuando dejamos que la ansiedad atormente nuestra alma, es una muestra  que todavía no es una realidad profunda en nuestra vida la certeza de que lo único que nos hace falta es Dios, fuera de Él no necesitamos nada más, porque Dios es nuestra porción (Salmo 119:37) Él cubre todas nuestras necesidades, Él nos libra de todas nuestras angustias (Salmo 25:22).

La ansiedad nos hace olvidar que lo único que necesitamos para el gozo es que Dios sea nuestra porción, que Él sea nuestro sustento, “Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación.” (Habacuc 3:17-19).

Con todo esto descubrimos como lo dice el Pastor John Piper:

“la ansiedad es una condición del corazón que da lugar a muchos otros estados pecaminosos. Pensemos por un momento en todas las diferentes acciones y actitudes pecaminosas que brotan de la ansiedad. La ansiedad en cuanto a las finanzas puede dar lugar a la codicia, a la avaricia, a acaparar y a robar. La ansiedad con respecto a alcanzar el éxito en alguna tarea puede hacer que uno se vuelva irritable, áspero, y grosero. La ansiedad dentro de las relaciones personales puede transformarlo a uno en un ser retraído, indiferente, falto de cariño. La ansiedad por no saber cómo reaccionarán otros ante una situación dada, puede llevarnos a que tapemos la verdad y mintamos sobre algunas cosas. Así que, al conquistar el área de la ansiedad, le daremos un golpe mortal a muchos otros pecados.”[1]

Los motivos de ansiedad revelan una raíz de incredulidad, como también lo dice el Pastor Piper, la raíz de la ansiedad es una fe inadecuada en la gracia venidera de nuestro Padre. Conforme la incredulidad toma las riendas de nuestro corazón, uno de los efectos que produce es el afán y la ansiedad. La raíz de la ansiedad es la falta de confianza en todo lo que Dios ha prometido ser para nosotros en Jesús.[2]

La raíz de la ansiedad es una: Dios todavía no es nuestra porción, no confiamos del todo en él para nuestra provisión, eso se demuestra debido a que las principales causas de ansiedad son las que describió el profeta Habacuc, que la higuera no florezca ni en las vides haya fruto, que falle el producto del olivo y los campos no produzcan alimento, que se acaben las ovejas del redil y no haya vacas en los establos.

Estas son las mismas causas de ansiedad que el maestro nos enseña, en Mateo, Jesús nos habla de los motivos de la ansiedad: comer o beber (Mt 6:25-26), o lo que es equivalente  que la higuera no florezca ni en las vides haya fruto, que  falle el producto del olivo y los campos no produzcan alimento; el otro motivo principal de ansiedad o preocupación es el vestido, o como lo dice el profeta que no hayan ovejas que provean la lana para el vestido.

La respuesta a la ansiedad según el maestro es un argumento de menor a mayor, Si Dios se provee para la hierba (menor) cómo no proveerá para nosotros (mayor) (Mt 6:30). La comparación no consiste en que la hierba no tenga importancia, todo lo contrario, la ilustración muestra que Dios tiene un gran cuidado con toda la creación incluso lo más pequeño, Él no solo viste los lirios, Él los viste de manera hermosa, de una forma tan hermosa que ni el más grande Rey ha vestido así (Mt 6:29). ¿Cómo es que entonces vamos a tener tal desconfianza en Dios pensando que se preocupa por las flores y se olvida de los hombres? Dios sabe de qué tenemos necesidad (Mt 6:32), Dios conoce el motivo de nuestra ansiedad, y le da tristeza que nos angustiemos por cosas temporales y no por la eternidad. ¡Qué triste es que nuestra alma llora de ansiedad, por cosas que van a desaparecer (Mt. 6:30), pero nos olvidamos muchas veces de las cosas que para siempre van a permanecer! nos olvidamos de buscar primeramente el reino de Dios (Mt 6:33).

Las necesidades económicas son las principales fuentes de ansiedad en nuestras vidas, con esto hay que tener mucho cuidado porque los afanes de este mundo fácilmente nos distraen de la prioridad única que es el Reino (Mt 6:33), si dejamos crecer en nuestras vidas la raíz de ansiedad esta tiene la fuerza de destruir la semilla de la fidelidad a Dios, porque la ansiedad por las cosas materiales ahoga la semilla de la palabra (Mt 13: 22), es decir, nos impide creer y esperar en las promesas de Dios.

Como lo hemos visto, la ansiedad representa un peligro serio para nuestra eternidad, por lo tanto, es una batalla para librar con empeño. Del Rey David y de nuestro maestro Jesús aprendemos que la principal arma para combatir la ansiedad es la Palabra de Dios que nos sustenta “sostenme conforme a tu Palabra”. Jesús nos dice que confiemos en la omnisciencia de Dios pues nuestro Padre que está en los cielos sabe de nuestras necesidades (Mt 6:32), y así como a las flores, Él nos dará nuestro alimento a su tiempo, y la seguridad de que esto será así descansa en Su Palabra, Dios nos proveerá por una razón que nuestra incredulidad a veces olvida: nuestro Padre nos ama con amor eterno y por eso nos extiende Su misericordia.

De David aprendemos también a combatir contra la ansiedad orando y clamando a nuestro Padre por nuestras ansiedades, reclamando sus promesas para nuestras vidas.

La ansiedad se combate con la confianza; confiando en Dios podemos depositar todas nuestras cargas sobre Él (1 Pedro 5:7), porque sabemos que Él nos cuida, así como lo hace con los lirios del campo.

Pablo también nos habla de orar y confiar en las promesas de Dios, el Apóstol nos enseña: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:6-7).

Pablo nos dice que para enfrentar la ansiedad oremos. Presenta los motivos de tu ansiedad a Dios (peticiones), dale gracias por la prueba, porque la prueba de nuestra confianza en Dios nos ayuda a ver cómo Él nos provee, y así aumenta nuestra fe al aumentar nuestra confianza en pedirle las cosas que necesitamos y ver cómo Él nos responde.

La promesa de Su Palabra que nos sostiene es esta: Dios dará paz a nuestros corazones y mentes, es decir, Dios se dará así mismo como nuestro consuelo. Él nos da mucho más de lo que le pedimos; le pedimos algo material, algo que en realidad es una añadidura y Él se da así mismo como la verdadera respuesta a nuestras necesidades, porque nada necesita el ser humano más que el Reino de Dios en su vida, el Reino que nos ayuda desde nuestro corazón a vencer la ansiedad y a veces a entender también que debemos contentarnos con lo necesario, con lo que Dios nos da, que es siempre lo mejor: “Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar. Al jefe de los cantores, sobre mis instrumentos de cuerdas.” (Habacuc 3:17-19).

Nunca debemos tener un corazón tan incrédulo como para olvidar, que Dios cuida de nosotros en todo momento de dificultad o angustia, y ese amor con que nos amó debemos trasmitirlo, Dios nos encarga que cuidemos a nuestros hermanos más pequeños, que cuidemos los unos de los otros por amor a Él. Debemos procurar ser compañía y consuelo para aquel que enfrenta circunstancias de dolor que le producen ansiedad; Jesús nos enseñó a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, y ese amor se manifiesta acompañándonos en el camino de este peregrinaje, sobrellevando los unos las cargas de los otros (Gálatas 6:2), Dios nos consuela para que con el consuelo que fuimos consolados consolemos a otros (2 Cor.1:4-5). Dios escucha nuestras suplicas producto de nuestras dolencias, para que nosotros también estemos prestos a escuchar a nuestro prójimo.

La ansiedad se combate con la fe en la Gracia Venidera de Dios, confiando en Su fidelidad, Su soberanía, Su sabiduría y ejerciendo el compañerismo cristiano, que se preocupa por los demás como por nosotros mismos, y nos impulsa a interceder los unos por los otros.

Dios ayudamos a combatir nuestras ansiedades, muestra a
nuestras vidas las verdaderas necesidades que son Tu Reino y Tu Justicia; Que
entendamos que todo lo demás es temporal, que a ti te interesa darnos la
eternidad de nuestra vida, más que comodidades en esta tierra.
Dios enséñanos a confiar en ti conforme a Tu Palabra, sostennos
con tus promesas, alivia nuestras cargas, danos la fortaleza para que, aunque
nuestra alma llore de ansiedad, aun podamos en todo momento en ti confiar; Que Tú
seas el único motivo de alegría, nuestra única esperanza para el mañana.

Ayúdanos a recordar siempre que es Tus manos está nuestra vida.

En Jesús amen.

Pr. Oduver Miranda Benítez.


[1]  El poder Purificador de Vivir por Fe la Gracia Venidera, Jonh Piper, pág. 60 y 61, edit, vida.

[2] Ibídem Pagina 60.

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