Respuestas bíblicas para el cristiano de hoy en Latinoamérica

“Sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que demande razón de la esperanza que hay en vosotros.” 1 Pedro 3:15. 

Hablar acerca de la vida del creyente en nuestra América Latina no es una tarea sencilla, pero considero que es obligatoria para todos los que deseamos un cambio profundo en la Iglesia de Cristo. Sin embargo, no debemos pensar con ligereza sobre el mencionado cambio, pues seguramente éste, va a ser dominado por las presuposiciones que concerniente de la interpretación bíblica tengamos y en general por el sistema de doctrinas en el que hayamos sido levantados.

Es así que el cristiano formado al interior de las iglesias reformadas  y con tendencia reconstruccionista, abogará por una sociedad regida por la ley de Dios, no solo en el aspecto ético y moral, sino también, en la forma de gobierno civil, lo que con seguridad lo conducirá a tratar de formular una política cristiana, en medio de un mundo hostil al evangelio. Por otra parte, creyentes con posiciones bíblicas definidas, pero con una idea diferente a la teonomía y a la escatología, consideraran que los cambios en el kosmos, no son para la era presente, sino para la futura consumación del reino. No obstante, en lo que todos estaremos de acuerdo es que en realidad ser cristiano hoy es tan difícil como lo fue desde el inicio del tiempo, pero con el agravante de que cada vez hay mayor dificultad para distinguir entre lo bueno y lo malo.

A continuación presento algunas de las consideraciones sobre lo que significa ser cristiano hoy en América latina, empero debo aclarar que si lo que escribo no sirve para darle la gloria a Dios, entonces fracasé en el intento, si me limitó a realizar un análisis frío que concluya solo con mi opinión sobre el asunto, y sin exhortaciones que nos ayuden a volvernos a las Escrituras, también allí habré naufragado. Que Dios me ayude a exaltar su Santo Nombre.

Dificultades comunes para creyentes en todos los tiempos

       a. Pecado en todos los corazones durante todas las épocas

Toda la Escritura presenta al humano como un ser caído y cuya inclinación es de continuo el mal. Desde el libro de Génesis (capítulo 3) podemos observar que la historia de nuestra raza se caracteriza por el fracaso en su búsqueda del Dios verdadero. Sin embargo, el Señor se proveyó para sí hombres de acuerdo a su voluntad para a través de ellos testificar de su gloria en el mundo. Es así como observamos a creyentes del talante de Noé, Abraham, Moisés, Josué, Samuel, David, Daniel y tantos otros que un su corazón deseaban más que cualquier otra cosa servirle al Altísimo.

Estos hombres al igual que los de la época en que Cristo se encarnó, y los del tiempo posterior a los apóstoles, experimentaron el mismo tipo de dificultades, pues el hilo común que unía sus naturalezas era el pecado y ellos vivían en una sociedad transgresora. Por lo tanto, es sencillo relacionar a Abraham con Moisés, y a su vez a estos con Daniel, o aun con los creyentes del Nuevo Testamento, como Pedro o Juan.

Todo esto a pesar que entre Abraham y Moisés pasaron más de cuatrocientos años, y aproximadamente mil cuatrocientos años desde Moisés hasta la venida de Cristo, pero en cada uno de ellos observamos las mismas dificultades que afrontaron sus hermanos de otras eras.

Lo que acabo de expresar debo probarlo en la Escritura, pues bien, abrámosla. Cuando observamos la vida de Abraham, notamos que el padre de la fe provenía de una familia acomodada de la ciudad caldea llamada Ur. Allí recibió el llamado de Dios para que dejándolo todo, le siguiera (Génesis 12: 1-2), el libro de Josué relata que en ese primer momento, el que llegaría a ser un gran creyente, aún era pagano (Josué 24: 2), pero atendiendo la voz del Todopoderoso salió de aquella tierra, y por la fe caminó con el Señor hasta Canaán.

Abraham, enfrentó desde el principio el problema de la incredulidad, y entendemos que si Dios no lo hubiera llamado de forma directa y sobrenatural, jamás hubiera podido acercarse al Señor para tener comunión con Él. Desde ese momento aquel creyente tuvo que luchar contra el statu quo impuesto, que se caracterizaba por la idolatría, por lo que el Señor demandó de Abraham -Abram, en ese momento- la salida inmediata de su tierra y de su parentela, y más específicamente de la casa de su padre.

Esto es bien interesante, hasta el punto que algunos han llegado a decir que fue un craso error de Abraham cargar con su idolatra progenitor, pues el mandato del Todopoderoso fue bastante claro: “…sal de tu parentela, y de la casa de tu padre.” Lo que implicaba dejarlo todo para ir en pos de Dios. 

Resulta evidente, la presión familiar que ejercía Tareh sobre su hijo, pero Dios siempre ha dicho que es necesario dejarlo todo si deseamos servirle. Nuestro Señor Jesucristo les recordó la demanda de exclusividad que la Deidad exige a los hombre cuando dijo: “Si alguno viene a Mí y no aborrece a padre y madre, mujer, e hijos, y hermanos y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.” (Lc. 14: 26). Es cierto que el pasaje no solo debe ser interpretado de manera negativa, en el sentido que cuando llegamos al Señor de inmediato se genera un conflicto con los de nuestra familia. Se trata más bien que cuando nuestra familia interviene afectando la nueva relación con Cristo, entonces debemos preferir al Señor, lo que implica aborrecer a los que, según la carne, son de nuestra casa.

Tal verdad no debería sorprendernos, siendo que se repite en otros lugares de los evangelios (cf. Mt. 8: 18-22; Lc. 9. 57-62), la sorpresa se produce solamente en el corazón de aquellos que no entienden que el amor del creyente para con Dios debe superar infinitamente a los débiles sentimientos que entregamos a los familiares y demás seres humanos. Ese versículo del libro de Lucas 14: 26, es comentado por John MacArthur como sigue: “Una frase similar en Mateo 10:37 es la clave para entender este mandato difícil, el ‘aborrecimiento’ al que se alude aquí significa en realidad ‘menor amor’. Jesús llamó a sus discípulos a cultivar un amor tan grande hacia Él, que su apego a todo lo demás, incluidas la propia vida de ellos.”     

Como podemos notar, tanto en el tiempo de Abraham, como en el de Jesús, y en consecuencia el nuestro, de continuo nos enfrentaremos a duras crisis de elección entre el mundo que nos rodea, representado por familiares, amigos y todo lo que deseamos, y el amor por Cristo. Tal situación es una dificultad común para los creyentes de todas las generaciones, pero no la única.

     b. Confianza excesiva en las habilidades adquiridas

Otra de las situaciones que van en detrimento de nuestra fe, podemos observarla en hombres como Moisés David, y de nuevo en Pedro, que se atrevieron a confiar demasiado en sus propias capacidades para resolver los asuntos del Reino. Al primero de nuestros héroes, lo vimos en Egipto metiéndose en los asuntos de Israel, aun cuando no era el momento decretado por el Señor para intervenir (Éxodo 2: 11-25). Tuvieron que pasar cuarenta duros años de instrucción en el desierto para que el hijo adoptivo de la hija del faraón, se graduara con honores en obediencia y obtuviera un doctorado en mansedumbre, teniendo como instructoras a las más capaces ovejas de su suegro.

También vemos en David uno de estos casos de gran confianza en si mismo, cuando ordenó al comandante en jefe de sus ejércitos, censar al pueblo, sin que Dios se lo hubiera ordenado (2 Samuel 24), para de esta forma satisfacer su deseo de seguridad el cual no reposaba en aquel momento en el Señor, sino, en las tropas de su ejercito. El resultado de esta gran osadía, fue la muerte de setenta mil hombres del pueblo.

El tercer caso, nunca está de más, pues Simón Pedro es el ejemplo perfecto de un creyente formado en el fuego de la prueba, recordemos que éste le había dicho al Señor, que nunca le negaría aunque eso significara la muerte (Mateo 26: 69-75), más tarde observamos al Apóstol negando a Cristo.

Todos estos modelos de hombres de Dios, nos llevan a pensar que el individualismo y la autoconfianza no es un mal exclusivo de la sociedad postmoderna, el problema está en que en nuestra era, los medios masivos de comunicación unida a la obra del anticristo en la Iglesia, han llevado a los creyentes a pensar como seres autónomos, independientes de todos los demás y aun, soberanos de su mundo, emancipados del Dios vivo, cuyas exigencias deben ser cumplidas desde el momento mismo en que son formuladas.

El accionar de esta doctrina individualista es sutil, pues cuando se envuelve en el recipiente adecuado, hasta parece evangelio bíblico. La predicación de la confianza en nosotros mismos nos conduce a la falsa seguridad de que podemos lograrlo todo, y lo que necesitamos de Dios es solamente una pequeña ayuda,  siendo que la realidad expresada en la Escritura es totalmente diferente, pues en sus páginas el Altísimo se presenta como el Todosuficiente (El Shaddai), que no requiere de nosotros, pero que por su misericordia, nos concede el privilegio de participar como colaboradores del Reino en las actividades que Él mismo podría realizar.

Nuestro siglo es preferiblemente individualista, y la única diferencia con las épocas en donde ocurrieron los eventos de la historia de la salvación es que en esta era se promociona más y se invita a vivir sin relacionarse con nadie, menos aun con Dios, a quien no podemos evadir (Salmo 139: 7-12). 

La idea de que todo lo podemos hacer desde el hogar y sin la ayuda de nadie, es nociva y rompe con la solidaridad y amistad que debe existir entre los hombres, pero lo más grave es que dificulta la entrada del evangelio salvador al corazón de las personas.

Los creyentes, hemos caído en ese mundo individual, tal síntoma es todavía más claro en las mal llamadas megaiglesias, en donde los programas eclesiásticos están diseñados para satisfacer los deseos de los diversos grupos y capturar a los visitantes, aunque estos no sean conversos, pero por los general no se encargan de proclamar que el corazón perverso del hombre solo puede encontrar reposo en Cristo, cuando el Santo Espíritu lo regenera y recibe, por la gracia, una visión del Hijo de Dios.

Al parecer el deseo de los dirigentes de la mayoría de las congregaciones, es el de adaptarse a los requerimientos del mundo, de parecerse más al medio que los rodea que diferenciarse de este, y esa idea florece en la mente de los hombres, llegando incluso a creer que el evangelio no debe ser incomodo para quienes lo escuchan, sino una refrescante fuente que calme momentáneamente las penas, aunque no le digan la verdad. Y debemos reconocer que en este comportamiento teatral y farisaico, las congregaciones han tenido cierto éxito, comprándole al mundo sus obras, danzas, y aun su filosofía de vida.

Dice Martin Lloyd-Jones en su libro ‘Cristianismo Auténtico’: “Las iglesias para ganar adeptos, por lo general acuden a  algún tipo de actividades como el teatro, la danza los conciertos musicales y otra serie de actividades que en realidad el mundo hace mejor”. 

Y esto es cierto, porque si en lo particular deseara ver una buena obra de teatro prefiero a los grupos no cristianos que tienen actores profesionales y no a improvisados creyentes, que aunque tengan buenas intenciones, seguramente no cuentan con la preparación escénica que les permita transmitir lo que se desea. Así mismo ocurre con las otras actividades citadas, y la razón es simple: la Iglesia del Señor no fue constituida por Jesús para actuar, danzar, o realizar ninguna de esas acciones banales, sino para proclamar a Cristo y a éste crucificado.

Quiero decir con esto, que lo más importante para los hombres de Dios no es entretener a un grupo heterogéneo de personas que tiene diversas maneras de interpretar la religión, sino la de predicar a Cristo que es el que nos une en un mismo sentir, en un mismo espíritu de comunión y amor. 

La banalización de la iglesia es uno de los males que ha permanecido a través del tiempo; las congregaciones se han ocupado de toda clase de pequeñeces, invirtiendo el orden de los factores, que en la realidad práctica sí altera el producto. Por ejemplo, durante la década de los setenta y tal vez al principio de los ochenta, desde los púlpitos no se predicaba otra cosa que no fuera la mal llamada santidad externa, y el énfasis recaía sobre la forma de vestir, o si era pecado ir a cine. No dudo que todo esto fueran preocupaciones de hombres piadosos, aunque muy poco estudiosos de las Escrituras, pero el hecho es que estas discusiones por lo general atrasan el desarrollo de la Iglesia.

No me mal entienda, no estoy diciendo que el creyente puede hacer lo que mejor le parezca, pero como dicen algunas de las confesiones de fe, muchos tópicos son parte de la prudencia cristiana, y seguramente habrá buenos escritos sobre estos temas. 

Pero mi insistencia la acentúo sobre las doctrinas, pues éstas se relacionan directamente con la salvación del hombre.

Las doctrinas son la base sobre la que descansa todo el cristianismo histórico, pero cuando la iglesia desplaza la enseñanza bíblica, se vuelve individualista y caprichosa. Es por esto que debemos cuidarnos de los falsos maestros que son los profetas de la falsa religión y encargados de pervertir con su maldad la sana Palabra. 

     c.  Falsos maestros y falsa religión 

En el evangelio según San Mateo 7:13-20, Jesucristo nos exhorta a caminar por la senda estrecha, y luego repite la idea, pero esta vez refiriéndose a la puerta estrecha, que como bien sabemos se refiere a Él mismo. Seguidamente, observamos que la advertencia se dirige en contra de los falsos maestros, pues ellos son quienes nos apartan del camino estrecho, mediante ofertas publicitarias que en apariencia hablan de Dios, pero que en el fondo no hay más que un discurso humanista, que desde las regiones celestiales el maligno planifica. Estos profetas de la muerte ejercen su ministerio de destrucción desde el interior de las iglesias cristianas.

Uno de los errores comunes de los cristianos, es pensar que estos impíos lanzan sus discursos dañinos desde lugares alejados a las congregaciones, pero esto sería demasiado fácil de identificar para los creyentes; ningún cristiano por muy neófito que sea en el evangelio, acudiría en su sano juicio a una reunión de la nueva era, o a una mezquita, ni siquiera a un templo de testigos de Jehová, pero muy seguramente asistirá a una de las llamadas iglesias de fe, en donde se predica el evangelio de la prosperidad y la realización personal.

Cuando la persona se involucra de lleno en estos movimientos pseudocristianos, es factible que quienes han sido formados e indoctrinados en una congregación enferma, no puedan distinguir entre la mentira y la verdad, y al juzgar igual todas las cosas, terminarán perdiéndose, porque nunca hubo quien le predicase.

Los dirigentes cristianos de la antigüedad, especialmente los apóstoles, fueron fieles en la defensa del evangelio, nunca cedieron ante las pretensiones de innovación doctrinal propuestas por los recién llegados a la fe, y así mismo nunca permitieron la mezcla con otros tipos de culto, bajo el pretexto que entre el paganismo y el cristianismo había muchas similitudes. Tal convicción es la que nos falta en nuestro tiempo para rechazar y juzgar la impiedad y la ligereza doctrinal de donde quiera que proceda, sea que emane del interior de la Iglesia con un mensaje sincrético, o venga desde afuera, trayendo una propuesta aduladora.

En la carta a Tito 1: 9-10, aparece una frase que nos insta a contender en contra de aquellos que tienen en poco la pureza doctrinal “retenedor de la palabra fiel (…) y convencer a los que contradicen. Porque Hay muchos contumaces, habladores de vanidades y engañadores, mayormente los de la circuncisión”. Dice John Benton: “Quizá hayas visto alguna vez el juego del libro para niños ‘¿Dónde está Wally?’ en los EEUU, se le llama Waldo, tiene una cara alegre y un gorro rojo y blanco, el juego consiste en encontrarle en el dibujo. El problema es que está escondido entre una enorme multitud de otros personajes. En algunas ilustraciones está entre las muchedumbres de una playa o al fondo de una feria, etc.

En muchos sentidos, según el versículo diez, eso sintetiza una de las tácticas más potentes del diablo en contra del Evangelio. Él sabe que la gente necesita oír y entender la verdad del Señor Jesucristo para poder encontrar la vida eterna, de modo que su estrategia consiste en rodear el Evangelio con una gran multitud de alternativas espurias. Dificulta el hallar la verdad.”

Los falsos maestros no pueden ser tolerados, cualquier desvío de la verdad debe ser corregido de inmediato, pues dejarlo tomar vuelo, es permitir que se levante un enemigo del Señor, y un adversario de los creyentes, que pervierte la sana doctrina tratando de llevar el corazón de los hombres hacía otros dioses.

Ahora bien, aunque considero que ninguna tentación, pecado o dificultad es en realidad nueva, sí existen formas novedosas de presentar las mismas transgresiones,  y el maestro de la mentira es cada vez más sutil, pero a la vez frontal en su venta de alternativas muy adictivas, que destruyen el alma humana. En la siguiente parte del escrito hago mención de algunas de esas dificultades.

Dificultades propias para los creyentes de la época actual

       a. Diversidad de cultos de apariencia cristianos, sincretismo creciente.

Desde la etapa posterior a la reforma, se notó un creciente interés de los creyentes por estar juntos todos aquellos que tenían una misma forma de pensar en lo relacionado con las verdades de la fe. Por esta razón, los credos y confesiones se hicieron cada vez más estrictos y enfáticos en las doctrinas, definiendo en artículos o capítulos los que ellos entendían eran la enseñanza de la Escritura. Tal celo produjo resultados tan magníficos como la Confesión de Westminster, que en la actualidad enmarca la creencia de la iglesia presbiteriana en casi todo el mundo, pero podríamos mencionar también los treinta y nueve artículos de la iglesia anglicana, o la Confesión de fe Bautista de 1689. 

El propósito fundamental de estos y otros documentos, todos ellos de origen protestante, era el de cerrar el paso a cualquier doctrina que no se considerara sana para los creyentes, sin embargo, en nuestra época parecen haberse olvidado los estandartes y se han producido mezclas, que en la mayoría de los casos no han significado aportes para el crecimiento de la teología y vida cristiana, sino por el contrario, el resultado de tanto sincretismo ha sido una especie de neutralidad paralizante, que al no definir posiciones dogmáticas, permite el paso de toda clase de basura.

Sobra advertir que en la Biblia hay una advertencia muy clara acerca de este asunto en 1 Timoteo 6: 3-5; el propósito de estos versículos es evitar la contaminación que daña no solo la mente, sino nuestra conducta y testimonio ante el mundo, pues como todos sabemos, la falsa doctrina redunda en mala práctica.

Noto con preocupación cómo en los últimos treinta años las religiones orientales parecen ganar cada vez más adeptos dentro de las congregaciones cristianas, y lo peor es que ni siquiera los líderes de las iglesias, ni mucho menos los feligreses, saben que no le sirven al Dios del la Biblia, sino a los ídolos de las naciones, entre ellos, Mamón, el aberrante dios del dinero (Mateo 6: 19-24).

Y es que la materialización de la iglesia genera una gran pobreza espiritual, pues es imposible que podamos servir a dos señores a la vez. Cuando nuestro corazón corre a buscar las riquezas y la estabilidad en este mundo bajo el pretexto de que por ser hijo de Dios lo merecemos todo, entonces lo más probable es que lo perdamos todo.

Es curioso que en nuestro tortuoso presente latinoamericano, los puntos que más unan a las iglesias locales, sean precisamente los que se relacionan con las falsas enseñanzas. Cuán doloroso es observar a hombres que en otrora fueran creyentes, o por lo menos aparentaban serlo, y verlos hoy tendiendo puentes que los conecten con movimientos apostatas, por ejemplo la iglesia de Roma, cuando el único llamado que debería hacerse a estas personas es al arrepentimiento. 

Muy cierto es que podría ser acusado de intolerante, de falto de amor, de estar cerrado a una posición teológica y tantas otras críticas que siempre escucho cuando toco estos temas, empero, no estoy hablando del trato con los que no siguen a Cristo, estoy defendiendo la doctrina del Señor, la que salva, la única en el universo que nos revela la vida eterna y nos aparta de las llamas del infierno; no puedo entonces callar y pretender que nada pasa. 

Jonathan Edwards decía: “Si un padre de familia observa que su casa se está quemando y dentro se encuentra su hijo, ¿no gritará acaso para salvarlo?, aun gastará su voz pidiendo ayuda, pero jamás permanecerá impasible.” Esta es la concepción que tenemos muchos creyentes y deseamos que los hombres escapen del fuego hacia un lugar seguro, y ese se encuentra solo en Cristo.

        b. La falta de bases teóricas para la vida religiosa

Por lo general, los estudiosos de la sociedad coinciden en afirmar que la era actual se denomina postmodernismo, y que el rasgo más sobresaliente de este es la falta de marcos de referencia para la vida en todos sus aspectos, por ejemplo, el arte se vuelve abstracto, la ciencia intenta explicar el universo sin considerar la evidencia, y en general lo que sentimos ocupa el lugar de lo que pensamos, en pocas palabras, la experiencia reemplaza lo objetivo. 

Es decir, existe un marcado contraste con la época anterior a la que estamos viviendo, y que podría decirse que aquella era por entero racional. Casi todos los fenómenos del universo intentaban explicarse partiendo del supuesto que cada evento en la naturaleza debía tener una explicación lógica. Incluso el ateísmo partía de esa base, hasta el punto de atreverse a intentar explicar la Escritura, la persona de Dios y su obra soberana con argumentos racionalistas; naturalmente esto también fracasó, pero no podemos negar que por lo menos la discusión era más académica y obligó a los cristianos a preparar un fuerte contragolpe evidencialista, pero cargado de fe. 

Nuestro tiempo es una era diferente, en donde al parecer, la fortaleza de los argumentos se ha perdido, dando lugar más a los sentimientos, y en consecuencia, a la subjetividad, más que a las bases “teórico-práctica” que deberían sostener todo postulado. Es cierto, y esto debo aclararlo, que el cristianismo es una religión de hechos, en donde se cuenta lo que Jesús vino a hacer y a enseñar, y cómo esta verdad y en consecuencia su obra, sostienen toda la existencia del hombre para eterno gozo o perpetua confusión.

Sin embargo, estos eventos de la historia de la redención por ser tan ciertos, son una base firme para el creyente, y por lo tanto un cimiento más seguro que la simple formulación teórica.

La iglesia del tiempo presente se ha apartado paulatinamente de su base religiosa: la Biblia, al parecer ya no es la única regla infalible de fe y conducta. Si bien la fe tiene su soporte en la Escritura, la práctica de la misma se aleja de los postulados escritos en la Palabra de Dios, en consecuencia se abre una brecha enorme entre lo que creemos y confesamos, y entre lo que vivimos.

Tal vez lo peor de todo es que la mala práctica se propaga con gran rapidez mediante el uso de medios masivos, que si bien no son malos en sí mismos, proclaman la falsedad, que como todos sabemos, es aceptada más rápidamente y extendida por el corazón corrupto del hombre. 

Como podemos observar, el uso de la tecnología es un elemento que puede desequilibrar la balanza “a favor o en contra” de los hombres de Dios, y a esto me voy a referir en el siguiente aparte.

       c. Relaciones virtuales e iglesia virtual

Hace doce años o tal vez más, escribí un artículo que titulé la iglesia virtual. En aquella ocasión decía que así como las relaciones entre seres humanos se hacían menos personales y más virtuales, no sería nada raro pensar que a cualquiera se le ocurriera crear comunidades en el ciberespacio, naturalmente eso tomó muy poco tiempo en ocurrir, porque la velocidad de marcha del mundo es cada vez mayor. 

Pero, ¿es bueno o malo el desarrollo tecnológico? Es claro que el problema no se trata de los inventos del presente siglo, la mayoría de ellos han sido creados con el propósito de facilitar la vida al ser humano, no existe una segunda intención maligna ¿o si? En todo caso no debemos pensar en los avances científicos como algo primordialmente dañino, como decimos en Latinoamérica: la fiebre no está en las sabanas; el problema es el corazón del hombre, y solo él encontrará el uso más vil para cada nuevo descubrimiento.

Si observamos el uso que de la Internet hace cada grupo de personas, nos daremos cuenta que una parte se beneficia de los correos electrónicos, pues estos llegan instantáneamente a sus hogares; también se utiliza la red para investigar temas académicos y otra serie de usos que sirven para tantos propósitos, pero existen también quienes socializan en la red más allá del simple contacto con amigos, hasta el punto de tener romances virtuales, algunos son infieles con una persona que ni siquiera conocen, y otros tantos sufren algún tipo de agresión a través de ese medio. No obstante, debo insistir que la culpable no es la red ni la tecnología, sino el hombre alejado de Dios.

Lo que sí considero una falta terrible de conocimiento de la Biblia, es creer que podemos ser cristianos virtuales de una iglesia de cibernautas. La Escritura nos insta a “… no dejar de congregarnos como algunos tienen por costumbre” Hebreos 10: 25. Este mandato del Señor no queda sin explicación, pues desde el versículo anterior, la Palabra nos dice que la razón para ir a reunirnos con nuestros hermanos es: “estimularnos al amor y a las buenas obras” Hebreos 10: 24. 

Y es obvio que a la distancia, a menos que seamos ángeles, no podremos ministrar a otros creyentes, y que el verdadero compañerismo cristiano se vive en la comunidad de los santos, aunque el testimonio de fe se dé entre el mundo gentil. 

Pero, ¿qué hacer frente a este desafió? Sin duda lo más difícil es dar soluciones a toda esta problemática, gracias a Dios tenemos “la palabra profética más segura”, la Biblia, y ésta se encarga de iluminar el entendimiento de los que hemos sido regenerados por el Santo Espíritu.

Soluciones bíblica para los cristianos de hoy

       a. Terminar con la falsa tolerancia.

En la lectura diaria de la Biblia observo que lo que hoy conocemos como equilibrio es a las claras un esfuerzo cobarde por quitarle a la Palabra de Dios su verdadero significado. Qué diría nuestro Señor Jesucristo a los que predican la tolerancia sin verdad y sin  confrontación, ¿es que acaso la Persona más equilibrada del universo no es el Dios encarnado?, y curiosamente su equilibrio es testificado en los evangelios desde sus extremos.  

¿No enseña la Escritura que el Señor llamó a los religiosos de la época “generación de víboras”? Juan el bautista también lo hizo. [Jesús] ¿no le dijo a sus propios discípulos que si ellos deseaban irse detrás de quienes no soportaban la verdad podían hacerlo del mismo modo? ¿O no arrojó Cristo usando la fuerza a los que vendían animales y cambiaban divisas en la puerta del templo? Todo esto es verdadero equilibrio, pues no solamente en el amor que perdonó a una ramera, a un publicano y a nosotros, observamos esa armonía, sino en cada acción y cada palabra que sale de la boca del Hijo de Dios. 

Uno de los principios que aprendemos de la Escritura es que si tenemos la verdad de Dios, debemos decirla, no es mi intención quedar bien con todos, prefiero obedecer al Señor, fue esto lo que hicieron los apóstoles cuando les prohibieron predicar a Jesucristo (Hechos 4: 19-20). ¡Juzgad si es justo callar, cuando Satanás grita y exige adoración!, ¡no, no podemos amedrentarnos! Si se levantan los gais diciendo que en su condición de pecadores exigen adorar al Señor en nuestras iglesias, nuestra respuesta debe ser firme y decirles que para exaltar al Dios del Nuevo Testamento se requiere arrepentimiento y fe, de otra manera ellos no cruzarán la puerta.

No entiendo por qué los creyentes guardamos silencio frente a las propuestas de algunos políticos y segmentos de la sociedad, que en nuestros países desean legalizar la eutanasia, el aborto y los supuestos derechos de las parejas homosexuales, es que quizá nos falta coraje, o simplemente desconocemos la Biblia. 

Si no tenemos valor para contender contra la falsa fe, entonces debemos orar a Dios por una de dos cosas: en primer lugar, pedir el coraje perdido o nunca tenido, o en su defecto, suplicarle al Señor que le ayude a convertir el corazón hacia Él. Si el problema es el segundo, lo más probable es que no pueda orar, necesita que alguien le predique el evangelio para que se convierta.

Todo esto tiene como finalidad terminar con la falsa tolerancia, todos los sistemas religiosos y filosóficos del mundo son mentirosos al afirmar que gente de todos los trasfondos tienen cabida en ellos, sin embargo preguntó, ¿por qué al momento en que revelemos nuestra identidad doctrinal, lo más probable, es que nadie, que no sea cristiano, nos acepte? Pero también es cierto, y debemos convencernos de esto, que el cristianismo es excluyente porque nuestro Dios es excluyente, ¿no dice  Jesucristo: “Yo soy el camino la verdad y la vida, nadie viene al Padre, sino por mi.”? Juan 14: 6. El Señor no admite a ningún otro, ni a alguien que se le parezca o tenga una doctrina que se asemeje en algunos aspectos. Quien no cree en Cristo, de acuerdo a lo que Él mismo afirma de su persona, no puede ser cristiano y en consecuencia, perderá la oportunidad de ser salvo.

El afirmar que el cristianismo es excluyente implica que el conocimiento que debemos tener de la doctrina cristiana debe ser elevado, pues la necesidad de presentar defensa del evangelio, significa además ser racional con la Palabra de Dios, aunque el asunto a tratar envuelva el mayor grado posible de espiritualidad.

        b. Conocer la verdadera doctrina de salvación 

Decíamos que la era moderna se caracterizó por intentar explicarlo todo desde la perspectiva racional. Una de las consecuencias de tal actitud fue el criticar destructivamente la base de la fe, y en consecuencia se produjo un alejamiento progresivo del centro de la verdadera doctrina de la salvación, empero luchar contra estos postulados era más sencillo porque existía un objeto sobre el que discutir. En el mundo actual la defensa de la fe es un asunto mucho más difícil debido a la falta de bases epistemológicas que delimiten lo que se considera hoy como doctrina cristiana, por lo tanto, se hace urgente volverse al estudio denodado de la Biblia.

A pesar de que se afirma que nunca antes en el mundo ha habido tanto conocimiento, también es cierto que la mayor parte de ese saber es vano, esta presuposición opera también para el cristianismo, en donde cada vez encontramos más contenido basura en la proclamación del evangelio, pero es peor aun cuando revisamos la reflexión teológica que se produce desde nuestros países, la cual en ocasiones es nula.

Y es que para defender la fe en medio de un mundo que lo discute todo, pero así mismo tolera todo, se requiere del conocimiento de la Escritura y ser perspicaz en el análisis de los hechos actuales dentro del contexto bíblico, para así poder entregar respuestas certeras a los hombres. Ahora, cuando hablo de la  aproximación conceptual desde la Biblia hacía el mundo, no me refiero exclusivamente al aspecto escatológico, sino a todas y cada una de las doctrinas aplicadas a las personas en el tiempo presente, y no solo limitarse a la gastada idea de que solo se trata de aplicar algunos versículos a una situación particular, y creer que así se resuelven los problemas de la relación del hombre con Dios.

Todos y cada uno de quienes servimos al Señor estamos obligados a predicar la totalidad del consejo eterno de Dios, el cual es la Escritura en su conjunto. Ninguna doctrina puede quedar por fuera de la enseñanza de la Iglesia, ya sea porque es difícil, o porque no es de la preferencia del ministro o simplemente porque puede herir algunas susceptibilidades.

Los creyentes deben salir de las congregaciones con un conocimiento básico de las diferentes doctrinas como son: Las Escrituras, el conocimiento de Dios, la Creación y la Salvación en Cristo; pero también las más complejas, como por ejemplo: El Decreto eterno de Dios. los Pactos, la Providencia o la Escatología. Sin esto es imposible realizar una adecuada defensa de la fe.

      c. Apologética 

Conocer la Biblia es la forma más segura para blindar a los creyentes en contra de la falsedad y el engaño, aunque éste sea muy bien elaborado. Cuando se conoce la verdad, la mentira es obvia para nosotros, el ejemplo perfecto lo tenemos en Edén, allí Dios dio una orden directa a los seres humanos, no les advirtió que Satanás trataría de engañarlos, pero el mandamiento debería ser suficientemente claro para prevenirlos. Si obedecían al Señor no caerían, desobedecerlo era la muerte. 

En el texto que usamos al inicio del presente escrito, el apóstol Pedro expresa: “…estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo aquel que demande razón de la esperanza que hay en vosotros.” 1 Pedro 3:15. El mundo de la sin razón siempre pedirá explicaciones; la experiencia vacía en algún momento exigirá que se le diga el por qué, y es allí cuando debemos estar listos para proclamar a Cristo, para detallar cuán firme es nuestra fe y en quién reposa. Debemos estar listos para decir que la vida eterna no es una ilusión, y que ésta no se tarda, sino que aparecerá justo a tiempo.

Pero una adecuada defensa de la fe no sirve de nada si no es respaldada por un poderoso testimonio de consagración y santidad. Con este aspecto concluyo.

     d. Consagración y santidad (práctica sana)

Los apóstoles no solo impactaron al mundo por el mensaje poderoso y las señales que validaban en aquel momento su proclamación, sino que toda su vida fue un testimonio vivo de lo que Cristo hace en el hombre. Y esta obra cubre todos los elementos esenciales de la vida, como el intelecto, la inclinación espiritual, y en general, todo lo que hacemos.

Cuando un hombre es convertido al Señor, la santidad le es dada en su vida para vencer al pecado y la tentación diaria. Esto no significa que cesan las luchas, pero sí implica que el poder del Santo Espíritu estará en nosotros para darnos la victoria, sin embargo, esta realidad no parece estar presente hoy en los creyentes. 

Seguramente la falta de énfasis en la consagración y la liviandad de la predicación originan esta clase de resultados, no obstante, el Señor jamás se deja a sí mismo sin testimonio, ni siquiera en medio de los impíos. Al igual que aquellos siete mil que en el tiempo de Elías fueron apartados por Él para testificar de su grandeza, o en el siglo XVII los reformadores fueron impelidos a volver a la Biblia; el Señor siempre apartará para sí a quienes levantarán la bandera de Cristo y el mensaje del evangelio eterno. Tales hombre, llenos de santidad, pasión y amor por Dios, harán la voluntad del Todopoderoso, predicando esta salvación tan grande que es solo en Jesucristo. Amén.

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Alexander Mercado C., es Doctor en Ministerio, Magister en Estudios Teológicos del Seminario Internacional de Miami. Es pastor en la Iglesia Bautista Reformada Salvación y Vida Eterna de la ciudad de Barranquilla, Colombia.

Contacto: alexmerco@yahoo.com

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