¿Iglesia Virtual? Relaciones virtuales

ilustracionRGB300dpi-1024x738 CHace doce años o tal vez más, escribí un artículo que titulé la iglesia virtual. En aquella ocasión decía que así como las relaciones entre seres humanos se hacían menos personales y más virtuales, no sería nada raro pensar que a cualquiera se le ocurriera crear comunidades en el ciberespacio, naturalmente eso tomó muy poco tiempo en ocurrir, porque la velocidad de marcha del mundo es cada vez mayor.

Pero ¿Es bueno o malo el desarrollo tecnológico? Es claro que el problema no se trata de los inventos del presente siglo, la mayoría de ellos han sido creados con el propósito de facilitar la vida al ser humano, no existe una segunda intención maligna ¿o si? En todo caso no debemos pensar en los avances científicos como algo primordialmente dañino, como decimos en Latinoamérica: la fiebre no está en las sabanas, el problema es el corazón del hombre, y solo él encontrará el uso más vil para cada nuevo descubrimiento.

Si observamos el uso que de la Internet hace cada grupo de personas, nos daremos cuenta que una parte se beneficia de los correos electrónicos pues estos llegan instantáneamente a sus hogares, también se utiliza la red para investigar temas académicos y otra serie de usos que sirven para tantos propósitos. Pero existen también quienes socializan en la red más allá del simple contacto con amigos, hasta el punto de tener romances virtuales, algunos son infieles con una persona que ni siquiera conocen, y otros tantos sufren algún tipo de agresión a través de ese medio. No obstante debo insistir que la culpable no es la red ni la tecnología, sino el hombre alejado de Dios.

Lo que si considero una falta terrible de conocimiento de la Biblia es creer que podemos ser cristianos virtuales de una iglesia de cibernautas. La Escritura nos insta a “no dejar de congregarnos como algunos tienen por costumbre” Hebreos 10: 25. Este mandato del Señor, no queda sin explicación, pues desde el versículo anterior, la Palabra nos dice que la razón para ir a reunirnos con nuestros hermanos es: “estimularnos al amor y a las buenas obras” Hebreos 10: 24. Y es obvio que a la distancia, a menos que seamos ángeles, no podremos ministrar a otros creyentes y que el verdadero compañerismo cristiano se vive en la comunidad de los santos, aunque el testimonio de fe se dé entre el mundo gentil.

Pero ¿Qué hacer frente a este desafió? Sin duda lo más difícil es dar soluciones a toda esta problemática, gracias a Dios tenemos “la palabra profética más segura”, la Biblia, y ésta se encarga de iluminar el entendimiento de los que hemos sido regenerados por el Santo Espíritu.

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