Falsos maestros, falsa religión

Falsos-Maestros-1024x683-BEn el evangelio según San Mateo, exactamente en el capítulo 7: 13-20, Jesucristo nos exhorta a caminar por la senda estrecha, y luego repite la idea, pero esta vez refiriéndose a la puerta estrecha, que como bien sabemos se refiere a Él mismo. Seguidamente observamos que la advertencia se dirige en contra de los falsos maestros, pues ellos son quienes nos apartan del camino estrecho, mediante ofertas publicitarias que en apariencia hablan de Dios, pero que en el fondo no hay más que un discurso humanista, que desde las regiones celestiales el maligno planifica. Estos profetas de la muerte ejercen su ministerio de destrucción desde el interior de las iglesias cristianas.

Uno de los errores comunes de los cristianos, es pensar que estos impíos lanzan sus discursos dañinos desde lugares alejados a las congregaciones, pero esto sería demasiado fácil de identificar para los creyentes, ningún cristiano por muy neófito que sea en el evangelio, acudiría en su sano juicio a una reunión de la nueva era, o a una mezquita, ni siquiera a un templo de testigos de Jehová, pero muy seguramente asistirá a una de las llamadas iglesias de fe, en donde se predica el evangelio de la prosperidad y la realización personal.

Cuando la persona se involucra de lleno en estos movimientos pseudocristianos, es factible que quienes han sido formados e indoctrinados en una congregación enferma, no puedan distinguir entre la mentira y la verdad y al juzgar igual todas las cosas, terminarán perdiéndose, porque nunca hubo quien le predicase.

Los dirigentes cristianos de la antigüedad, especialmente los apóstoles, fueron fieles en la defensa del evangelio, nunca cedieron ante las pretensiones de innovación doctrinal propuestas por los recién llegados a la fe, y así mismo nunca permitieron la mezcla con otros tipos de culto, bajo el pretexto que entre el paganismo y el cristianismo había muchas similitudes. Tal convicción es la que nos falta en nuestro tiempo para rechazar y juzgar la impiedad y la ligereza doctrinal de donde quiera que proceda, sea que emane del interior de la Iglesia con un mensaje sincrético, o venga desde afuera, trayendo una propuesta aduladora.

En la carta a Tito (1: 9-10), aparece una frase que nos insta a contender en contra de aquellos que tienen en poco la pureza doctrinal “retenedor de la palabra fiel (…) y convencer a los que contradicen. Porque Hay muchos contumaces, habladores de vanidades y engañadores, mayormente los de la circuncisión”. Dice John Benton: “Quizá hayas visto alguna vez el juego del libro para niños ¿Dónde está Wally?[1] En los EEUU, se le llama Waldo tiene una cara alegre y un gorro rojo y blanco, el juego consiste en encontrarle en el dibujo. El problema es que está escondido entre una enorme multitud de otros personajes. En algunas ilustraciones está entre las muchedumbres de una playa o al fondo de una feria, etc. En muchos sentidos, según el versículo 10, eso sintetiza una de las tácticas más potentes del diablo en contra del Evangelio. Él sabe que la gente necesita oír y entender la verdad del Señor Jesucristo para poder encontrar la vida eterna, de modo que su estrategia consiste en rodear el Evangelio con una gran multitud de alternativas espurias para dificultar el hallar la verdad.”[2]

Los falsos maestros no pueden ser tolerados, cualquier desvío de la verdad debe ser corregido de inmediato, pues dejarlo tomar vuelo, es permitir que se levante un enemigo del Señor, y un adversario de los creyentes, que pervierte la sana doctrina tratando de llevar el corazón de los hombres hacía otros dioses.

Ahora bien, aunque considero que ninguna tentación, pecado o dificultad es en realidad nueva, si existen formas novedosas de presentar las mismas transgresiones, el maestro de la mentira es cada vez más sutil pero a la vez frontal en la venta de alternativas aditivas que destruyan el alma humana. Próximamente haré  mención de algunas de esas dificultades.

[1] En Colombia este juego alcanzó mucha popularidad al ser publicado en algunos diarios nacionales bajo el título ¿Dónde está Javier?

[2] Cómo enderezar una iglesia centrada en sí misma. Por John Benton. Páginas 58 y 59. Editorial Peregrino.

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